viernes, 24 de junio de 2011

La noche de San Juan

Ayer se celebraba el solsticio de verano, la noche de San Juan. Una noche algo mágica en la que se purifica el cuerpo y el alma a través del fuego y del agua. La gente enciende hogueras y salta por encima de ellas. Escribe situaciones negativas que no quiere que vuelvan a su vida y las queman en ese fuego purificador. Y a las doce de la noche se dirigen al agua. Allí se mojan los pies en la orilla o se bañan, depende de lo valiente que sea cada uno, para que el mar limpie todo lo malo y nos deje con las energías renovadas.

Nosotros, cómo manda la tradición, también bajamos a cenar a la playa. Fuimos con amigos de la clase de Marco a  "la punta del río" de El Campello. Se llama así a la playa que hay en el extremo del paseo marítimo que está junto a la desembocadura del río Seco. 


Así que saqué un par de las populares, enormes y resistentes bolsas de supermercado que ahora tenemos todos en casa y comencé a llenarlas. 
  • En una bolsa: la ensalada de pasta, unos bocatas, bolsas de patatas fritas, frutos secos, manzanas, plátanos, palmeritas de hojaldre...  
  • En la otra bolsa: la toalla, otro bañador por si me mojo, un pantalón largo y una sudadera que igual se hace tarde y refresca... todo multiplicado por cuatro. 
  • Y fuera de la bolsa: la nevera, la mesa, las sillas, el carro, la pelota, el cubo y la pala, el monedero y la cámara. 
Al final siempre parece que nos vayamos para una semana.

Una vez todo en la furgoneta, sobre las 20:30h, nos bajamos a la playa. Acercamos el coche todo lo que pudimos y comenzamos a descargar y a montar nuestro chiringuito junto a los de nuestros amigos. Y corriendo a quitar el coche, que allí no se puede aparcar y la grúa acechaba por los alrededores. En la playa se había acotado una zona para que la gente hiciera sus hogueras y había un par de personas de protección civil, en contacto con la policía municipal, vigilando que aquello no se desmadrara mucho.

Cómo la desembocadura del río está en obras la afluencia de gente fue menor que otros años. Lo que nos permitió estar un poco más tranquilos. Sobretodo con Carla, que no levanta un palmo del suelo y se lo pasó bomba correteando por la playa sin apenas coacción por parte de sus padres.

Lo malo fue que hacía frío y viento. El frío lo solucionamos pronto colocándonos ropa, pero el viento... Aún así, pasamos una velada muy agradable charlando y riendo. Nosotros no hicimos hogueras, nos bastó con ahumarnos con las de los demás, que a pesar de la zona acotada hicieron varias hogueras alrededor de las mesas.

Hubo un par de cosas que no nos gustaron, cómo que gente con cohetes los lanzaban sin mucho control o se lo daban a los niños para que los lanzaran. Algo que me parece muy peligroso en una playa llena de gente. Y unos jóvenes que echaron alcohol a su hoguera, con la consecuente deflagración momentánea que nos dejó a todos alucinados mientras ellos seguro que se partían de risa. A parte de eso todo se desarrollo con total normalidad.

Como digo, los padres comíamos, bebíamos y charlábamos en la mesa. Nosotros lo alternamos con algún paseo con la enana a la que no le gusta estar mucho rato en el mismo sitio. Y los niños no pararon de jugar: al balón, a las palas, con la arena... Marco pasó al menos tres cuartas partes de la noche construyendo un "super tunel refugio gormiti."

A las doce nos mojamos los pies en la orilla y poco después comenzamos a desmontarlo todo para irnos a casa.
Los peques llegaron despiertos a casa, pero en cuanto tocaron la cama se quedaron fritos. Y su madre también, por supuesto.


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