viernes, 8 de julio de 2011

Kit de juguetes de emergencia

Uno de los "problemillas" a los que nos enfrentamos los padres a la hora de realizar alguna actividad que a nuestros peques no les gusta demasiado es soportar con una sonrisa sus reiterados "Me aburro", "¿Cúando nos vamos?, "¿Y que hago para divertirme?".

A mi me suele ocurrir esto cada vez que voy a tomar un café, un helado, a cenar... Sobretodo pasa cuando vamos con amig@s. Nosotros queremos que se porten bien, se tomen su helado, gofre, leche con azucar... y que cuando hayan terminado se queden tranquilos en su sitio mientras nosotros terminamos (o empezamos, depende de si hay que ayudarles o no a comer).

Situación real:
Estando con una buena amiga decidimos ir a comer por ahí. Ella, yo y los dos niños. ¿Dónde vamos? Al chino de siempre. Nos conocen, está todo rico y los dos peques pueden tomar arroz 3 delicias además del pan de gamba que les encanta.

Nos colocamos junto a la ventana desde donde se ve la terraza. Pienso. "Cuando Marco termine puede salir a correr un poco donde yo le esté viendo". Mis niños son bastante inquietos, vamos de los que no pueden tener "el culo pegado al asiento" como se dice, y hay que tener previsto que no van a estarse tranquilos en la silla 2 horas porque a mi me apetezca tener una comida tranquila con su buena conversación y su sobremesa.

Nos sentamos, pedimos y van trayendo la comida. Hay que darle a Carla de comer (tiene 21 meses) y ella tampoco es muy relajada que digamos. No quiere estar sentada en la trona, quiere comer sola y ello provoca en mi un estresante intento de controlar los daños causados por la gran "escampá" de arroz que está montando. Además tiene mucho desparpajo y como tiene sed empieza a gritar:

 - "¡Chica quero agua! ¡Chiiiiiiiica! ¡Aguaaaa, chica, aguaaaaa!".

Marco termina de comer, Carla sigue intentando tomarse el arroz y mientras tanto, ni mi amiga ni yo hemos podido empezar a comer.

- Mamá, ¿puedo salir ya?
- Vale, pero tienes que estar siempre donde te esté viendo. Solo por este lado, ¿de acuerdo?
- Vale mamá.

Y se sale. Y pienso, venga que Carla acabe de comer y se quedará más tranquila. Pero.... GRAN ERROR!!!! 

La salida de Marco provoca en Carla un:

- ¡No quero más! ¡Quero baxar! (Mi hija habla un dialecto propio mezcla de castellano, valenciano y palabras indefinibles que poco a poco vamos descifrando)
- ¡Tete, quero tete! ¡Nooooooooo!
- ¡Quero Baxaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!

Y todo esto acompañado de llantos e intentos de tirarse desde lo alto de la trona. Así que me toca llamar al otro y hacerlo entrar fastidiandole la fiesta.

- Mamaaaaaaaaaaaa, ¿Y ahora que hago?

Gran pregunta...

Así que me voy a buscar al dueño del restaurante y le pido por favor si puede dejarme un par de bolis y de hojas. El hombre, muy amable por cierto, me lo da adjuntando además 2 chupachups!!! El resultado:

Mano de santo. 

No están como estatuas, ni tampoco lo pretendo que para eso son niños, pero se divierten más tranquilos pintando y chupando sus chupachuses. Y nosotras podemos seguir comiendo y charlando más relajadamente.

Cuando salí de allí pensé que había una forma fácil de poner remedio a esto. Se trata de preparar un...

kit de juguetes de emergencia.


Busqué en casa una maletita que tenía de unos jabones que me regalaron cuando nació Carla, 3 o 4 cochecitos pequeños, libretas y pinturas, unos juguetitos pequeños cómo los que regalan en los happy meal y que todos tenemos tirados por casa sin saber que hacer con ellos, algun cuentecito pequeño... Vamos, cositas que quepan en la maletita y al coche.


Ese kit de juguetes de emergencia vivirá en el coche, de forma que la próxima vez que piense que pueden necesitar algo con que entretenerse tan solo he de coger la maletita. Y no hay problema con cargar con ella, seguro que el peque está encantado de llevarla. Cómo son sus juguetes...

La imágen es de aquí.


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