jueves, 1 de mayo de 2014

Las crónicas de Buffalo: Cotidianidades

Capítulo 5: De defectos y virtudes

Estas últimas semana con Buffalo han sido muy intensas. Su llegada a nuestras vidas coincidió con las vacaciones de los peques y eso nos trajo días llenos de actividades y diversión. Y que Buffalo pudiese compartirlos con nosotros nos ha permitido conocerle muy bien.

La familia entera está encantada con él, todos, sin excepción. Incluso quien sentía algo de desconfianza, ha acabado por reconocer sus virtudes y lo ha aceptado como a uno más. Sí, ya sé. Hay quien pensará que viniendo de tan buena familia, como son los Bugaboo, cualquiera estaría encantado de compartir su día a día con él fuese como fuese. Pero yo no creo que sea así. Buffalo es especial no por ser un Bugaboo, sino por ser Buffalo. Son esas pequeñas cosas del día a día las que me enamoran, las que me hacen ver que es perfecto para nosotros.


Estos días pascueros nos han permitido probar a Buffalo en las actividades que nos gusta realizar en familia. Nos ha acompañado de picnic a la playa y de ruta por el monte. Incluso quisimos ponerlo al límite llevándolo por senderos fuera de ruta, en zonas rocosas, con pronunciadas pendientes, con raíces de grandes árboles cruzando el camino. Pero Buffalo no es superman. Así que cuando vimos que le costaba llevar a César por alguna de estas zonas en concreto, cogí al peque en la bandolera, le ayudé a ponerse en dos ruedas y terminamos el recorrido sin problemas. Papá se encargó de Buffalo y yo de César. En estos momentos, el asa de seguridad viene al pelo. Así, si en algún momento se resbala la mano, queda sujeta por la muñeca. Lo único es que si te la pones, tienes que coger el coche por el centro del manillar ya que no es muy larga.

Pero además de las aventuras, también me ha acompañado en mis tareas cotidianas. Y es aquí, dónde he conocido esas cosas que tiene que no me acaban de convencer. Pero es que el amor es así. Cuando quieres a alguien, lo quieres tal y como es, con sus virtudes y sus defectos. Por ejemplo:


Me encantan esos ganchos que tiene a los lados para que el bolso no se escurra para abajo o para colgar alguna bolsa de la compra. No me digáis que no, porque todas hemos acabado usando el carro del bebé para ir a la compra en alguna ocasión. Y para prueba un botón: el otro día me fui a comprar un poco de carne y un cartón de leche, y  acabé por llevarme media tienda. Menos mal que Buffalo venia conmigo y haciendo un poco de tetris entró todo en el cestillo porque ya me veía cargada como una mula mientras empujaba el carro con una mano y sujetaba a Carla con la otra. Pero a lo que iba. Que adoro esos pequeños ganchitos, pero yo no los habría puesto ahí. Los habría colocado en la parte alta del manillar. O mejor, ¿que tal dos abajo y dos arriba? Es que yo no soy muy alta, y cuando cuelgo mi bolso (que es bandolera) se me queda muy bajito, lejos de las manos y además tapa parcialmente el acceso al cestillo. Y eso... no me convence.

Otra cosa que no me gusta de él, atañe al arco protector. El diseño está genial porque es giratorio, lo que permite subir y bajar al peque fácilmente. Además una vez puesto queda un espacio muy amplio, que no es que a mis peques les haga falta porque son pequeñitos de tamaño pero hay chiquitines más robustos que a veces se agobian cuando el protector les queda muy cerquita de la tripa y les limita la movilidad. Lo que a mí no me ha gustado es el material. Esa espuma protectora que Buffalo lleva en el arco y en el manillar no me gusta nada porque mi peque la muerde. 
A César le gusta agarrarse a Buffalo y también le gusta morder. Así que cuando paseamos, a veces, une sus dos pasiones. Y claro, aunque yo estoy pendiente de ambos y le pido que no muerda a su amigo, a veces lo hace cuando no me doy cuenta. Bocadito a bocadito, casi le ha arrancado un trocito al pobre Buffalo. 
Esta mañana, al subir a César en Buffalo para que el iaio se lo llevase, no pude evitar pensar ¿y si se le da por arrancarlo y tragárselo? Ahora, rememorando, me ha venido a la cabeza que igual podría estar bien una fundita del mismo material y color de la capota que cubriese la zona plástica. La tela de la capota es muy resistente, lavable y con un simple sistema de velcro podría ajustarse al sitio. Ahí lo dejo. ;)


Seguro que la convivencia hará que surjan otros rocecillos, otros pequeños detalles que cambiaría. Pero... Buffalo es como es. Yo siempre he pensado que en esta vida las relaciones nunca son perfectas. Siempre digo que hay que poner en un lado de la balanza lo que te aporta alguien y en el otro todas las cosas que no te gustan. Si la balanza del sí pesa más... ¡Ya está! Es así de simple. O te compensa o no. Y a mi, a nuestra familia, nos compensa tener a Buffalo. Ahora que... habría que preguntarle a Buffalo si a él le compensa estar con nosotros. ¿Que pensara?


¿Nos traerá Buffalo nuevas aventuras? ¿Querrá unirse a nuestra mochila? No te pierdas el próximo capítulo de... Las crónicas de Buffalo (Puedes leer los otros capítulos aquí).




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2 comentarios:

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