lunes, 12 de enero de 2015

La perdida de un ser querido: nuestro duelo y la vuelta a la rutina

Hoy, me vais a permitir que no os cuente ningún plan para hacer con la tropa. Me vais a permitir que no os descubra un nuevo sitio en el que poder "vacacionar" en familia. Me vais a permitir que no os hable de juguetes, productos para peques o eventos a los que suelo ir. Hoy simplemente quiero hablaros de mi, necesito hablaros de mi. Así que hoy, a todo aquel que quiera leerme, le diré que hay momentos en los que uno siente que se ahoga, que quiere pero no puede, que todo cuesta mucho.

Llevo tiempo en el que me estaba costando bastante mantener la regularidad, la línea y la constancia que yo quiero en las publicaciones del blog. Pero más o menos, a trancas y barrancas lo iba llevando. A punto de llegar las navidades pensé: "Bueno, ahora hay vacaciones. Tengo menos tiempo. Pero igual puedo comenzar a organizarme un poco y escribir algunas entradas para empezar el año con trabajo adelantado. Entre comilona y comilona, entre plan y plan, entre celebración y celebración... siempre encontraré un hueco" Eso pensaba. Que ingenua yo. Si algo he aprendido, o más bien reafirmado, esta Navidad es que la vida es un regalo y que hay que aprovechar cada instante de ella. Que hoy tu vida es de una manera y que mañana puede ser de otra. Que en un momento estás organizando una cena para Nochebuena y que esa cena que tenías planeada puede que no llegue nunca.

Estas navidades han sido muy difíciles para mi familia, como desgraciadamente lo habrán sido para muchas otras. Han sido navidades de celebraciones ensombrecidas, chocolates amargos, roscones agridulces y regalos abandonados. Días en los que nos hemos reído junto a nuestros peques, junto a la familia y amigos. Días en los que intentábamos mantener un espíritu positivo, enérgico, feliz... Todo por ellos, lo que haga falta, por su felicidad, siempre... Pero también han sido días en los que hemos tenido que vivir situaciones tristes y dar duras explicaciones a unos niños que lo único que querían era celebrar su Navidad como siempre.

Nunca he dudado de la importancia de explicarles a nuestros hijos e hijas las cosas tal y como son. Eso sí, adecuando nuestras explicaciones a su edad y a lo que ellos realmente quieren y/o necesitan saber. He procurado no mentirles nunca y no ocultar nada que fuese relevante para sus vidas, por muy duro o difícil que fuera hablar de ello. He de reconocer que sí les he mentido: les he hecho creer en el Ratoncito Pérez, en Papá Noel y en los Reyes Magos. Pero hay otras cosas de las que siempre he hablado con franqueza. Siempre les hablé de forma natural de dónde vienen los niños. Les he contado mi opinión y opción personal sobre la religión. Hemos charlado de las enfermedades graves que han padecido y padecen miembros de nuestra familia. Hemos debatido sobre temas complicados como la pobreza, el hambre en el mundo, las guerras... Y también, desgraciadamente, hemos tenido que hablar de la muerte de nuestros seres queridos.

El pasado día 23 de Diciembre, a mi abuela María le dio un infarto cerebral. Era una mujer de 86 años, totalmente independiente y muy activa. Teníamos mucho a pego a ella: venía a casa a pasar el día con nosotros, cuidaba de los peques a ratos mientras yo hacía recados, les daba la merienda, dormía a César meciéndolo en su mecedora... Esa misma mañana habíamos estado hablando por teléfono. Iba a preparar unas tortillas para la cena de Nochebuena. Una llamada de teléfono sobre las siete de la tarde cambió nuestro día a día. Esa noche ya la pasó ingresada en urgencias y prácticamente sin ninguna esperanza de recuperación. Días después nos dejaría para siempre. Recuerdo que esa tarde-noche fue todo un caos. Avisé a mi marido de lo que pasaba para que viniese a casa. Estaba en el hospital con su madre. A ella también la teníamos ingresada. Afortunadamente ya está en casa. A César empezó a subirle mucho la fiebre así que hubo que llevarle también a urgencias antes de poder irme al hospital a ver lo que había ocurrido con la iaia. Un caos.

Cuando la situación estuvo controlada y estábamos en casa más tranquilos decidí hablar con los peques. Las Navidades se presentaban complicadas, no iban a ser como lo habíamos planeados y teníamos que decírselo a ellos. La conversación sería sencilla, dura pero sencilla.

A Carla simplemente le dijimos que la iaia María se había puesto muy, muy enferma y que estaba en el hospital. Que se tenía que quedar allí de momento. Que los iaios tampoco podían estar con nosotros porque tenían que estar en el hospital con ella. Y que yo iría algunos ratos a verla. A su pregunta de si se pondría bien le contesté un sencillo y sincero "Aun no lo se, cariño, pero creo que no" A ella le bastó esa explicación. No quiso saber más. No preguntó nada. Siguió jugando como siempre.

Con Marco fue distinto. Marco tiene ya 10 años y comprende perfectamente todo lo que ocurre a su alrededor. Vivió la perdida de su bisabuelo Sento hace ahora dos navidades y la de una tía-abuela a la que consideraba su iaia, y la hija de esta, a la edad de Carla. Él ya sabía lo que supone perder a alguien a quien quieres, pero no por ello se te hace más fácil. A Marco le conté realmente lo que ocurría para que estuviese preparado. Le expliqué en qué consistía un infarto cerebral, las consecuencias que había tenido en su bisabuela (no podía moverse, ni hablar, ni comer...) y las secuelas que le quedarían si sobrevivía. De echo le conté que había muy pocas esperanzas, que lo más probable era que falleciera. Fue una conversación totalmente normal, sin solemnidades, sin dramas. Intenté hablarle con tranquilidad, con seguridad, con confianza. Le dije que si quería visitar a su abuela en el hospital, si quería ir a verla, que me lo dijese. Que él podía decidir si verla o no. Eso sí, le expliqué lo que iba a encontrarse allí. Decidió que no quería verla así. Sus últimos recuerdos con ella eran de la semana anterior merendando en su casa y quería que siguiese siendo así. Compartimos lágrimas, abrazos, besos, palabras de consuelo... y seguimos con nuestro día a día.

César tiene solo dos años así que no pude explicarle nada. No entendía lo que ocurría. Se enfadaba porque no le llevaba con la "iaia Maia". En aquellos días, y aun hoy, tan solo podía decirle... "No está, cariño. La iaia María no está".

Once días después, el 3 de enero, sobre las once de la noche, falleció. 

Esa noche, antes de llamar a nadie, antes de arreglarme para ir al tanatorio, antes de nada se lo conté a los peques. En primer lugar hablé con Marco. Tan solo me senté a su lado y le dije "Cariño, tengo que contarte algo. ¿Recuerdas que hablamos que la iaia María estaba muy mal y que no podría recuperarse? Pues ha fallecido. Me ha llamado hace un ratito la iaia Rosa para contármelo." No dijo nada. Me abrazó como si no fuese a soltarme nunca. Yo le pregunté si quería preguntarme algo, si tenía alguna duda, si necesitaba alguna explicación... Su respuesta fue: "No. Lo entiendo perfectamente. Las cosas son como son."

Volví a darle la opción de acompañarnos al tanatorio o al entierro. Le reiteré que lo que decidiese estaría siempre bien. Que si él quería venir conmigo sólo tenía que decírmelo pero sin obligaciones ni compromisos. Que era su elección. Que si quería quedarse me parecía fantástico. Él decidió quedarse con sus hermanos en casa de una amiga (Un millón de gracias). No lloró en aquel momento, no ha llorado aun... Está asumiendo a su manera todo lo ocurrido. Sabe que estamos ahí. Sabe que puede hablar con nosotros cuando quiera, llorar cuando quiera. De momento tampoco ha querido volver a entrar a casa de la abuela. Lo haremos, poco a poco, en cuanto pasen unos días, cuando esté preparado.

Él mismo me dijo: -"Ahora hay que contárselo a Carla" y llamó a su hermana: - "Carla ven. Tenemos que contarte una cosa muy triste." Carla se acercó, la puse sobre mis rodillas y se lo explicamos. Primero puso una casi cómica cara de asombro (recuerdo que incluso me hizo reír durante unos instantes), luego rompió a llorar. La abracé, nos abrazamos todos, lloramos, escuchamos sus tristes lamentos, seguimos llorando... - "Mi iai... que ella me cuidaba muy bien. Iai... Yo la quería mucho... ¿Quién me hará ahora el pan con chocolate? Iai.... Mi iai... " Aun hoy sigo llorando cuando lo recuerdo. La dejamos llorar todo lo que necesitó. De repente dejó de llorar, se giró hacia su padre y dijo: "Papá, la iaia María se ha muerto. Es muy triste." Cambió mis brazos por los suyos y se puso a jugar con él.

Menos mal que César ya estaba dormido en aquel momento. No habría entendido lo que ocurría. Se habría puesto muy triste de vernos a todos tristes. Él también llora cuando todos lloramos aunque no sepa por qué. 

El primer día de cole hablé con sus profesoras para que lo tuviesen en cuenta por si veían algún comportamiento distinto, algo reseñable (aunque no lo creo). Simplemente para que lo supiesen ya que sería normal que ellos lo cuenten al hablar de sus vacaciones navideñas. 

Hoy hace justo una semana que la enterramos y los peques lo llevan muy bien. Lo tienen presente, pero bien.  Al menos eso parece. Yo sigo pendiente de sus comentarios, de sus actitudes, así estoy pendiente por si noto que necesitan hablar de ello. Yo lo llevo peor. Sigo llorando cuando pienso en ella, sobre todo cuando estoy sola. Sigo llorando mientras escribo esto. Pero necesitaba hacerlo. Por mi. Por ella...



Estos días hemos leído "¿Dónde esta Güelita Queta?" Me lo regaló hace un tiempo la dueña de la librería a la que voy y me ha ayudado un poco para normalizar el tema de la muerte y explicarle a Carla que su bisabuela siempre estará con nosotros, en los momentos que compartimos, en todo lo que nos recuerde a ella.

Carla y César sí que han entrado ya en casa de la abuela conmigo. Carla entra, busca en las habitaciones, mira, observa... y si hay alguien más con nosotros le suele decir, muy naturalmente, que su iaia María ha muerto. Inmediatamente se pone a jugar o se sube a casa de mi madre.

César sigue pidiéndome que lo lleve con la "iaia Maia" cada vez que ve su puerta. Yo tan solo puedo decirle... "No está, cariño. La iaia María no está".


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¡Hasta el próximo post! :)



24 comentarios:

  1. Ains no puedo para de llorar, mi mas sentido pesamen, yo tambien se lo tube que contar hace casi 2 años y me e visto por un momento reflejada era como verme a mi hace 2 años.... animo !

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    1. Muchas gracias Sandra. Yo también lamento mucho vuestra perdida. Son momentos difíciles. Y tener que hablar de ello con nuestros peques lo hace aun más difícil ya que nos gustaría tener que hablarles solo de cosas bonitas. Un abrazo. :)

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  2. Vaya...un abrazo grande. No es consuelo, pero sientete privilegiada por haber disfrutado tantos año de tu abuela. Y los niños, ellos lo ven todo desde otra perspectiva y se recuperan enseguida. Animo! Bs

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    1. Muchas gracias Meri. La verdad es que me siento así, afortunada. Pudimos disfrutar plenamente de mi abuela hasta los 86 años y de mi bisabuelo hasta los 91. Y ellos de sus biznietos. Y eso es algo que recordaré siempre y los peques también.

      Un abrazo.

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  3. Lo siento mucho. Te mando un abrazo muy grande. Nosotros también hemos perdido a mi abuela estas navidades…falleció el día 5 de enero y es muy duro.Yo también se lo conté a mis hijos (3 y 7 años) desde un primer momento. Es terrible tener que hablar con ellos de estas cosas pero, incluso en esos momentos, les enseñamos a nuestros hijos muchísimo más de lo que creemos y que la vida no todo es de color de rosa. Pero también nos enseña que nuestros hijos también se preocupan de nosotros…mi hijo viene de vez de en cuando a darme un beso para que no me sienta tan triste por la muerte de la abuela.
    Un abrazo!

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    1. Lamento mucho que hayáis tenido que pasar por lo mismo estas fiestas. Estoy totalmente de acuerdo contigo en que de los golpes duros también son parte de la vida y que nuestros peques aprender de ellos. Tu hijo es un amor. Me encanta ver como intentar animarnos y que estemos más felices.
      Un abrazo.

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  4. Perdí a mi padre hace un año y tres meses. He llorado leyéndote porque entiendo todo lo que cuentas de primera mano, y porque las reacciones de tus hijos me han enternecido y recordado a las de los míos muchísimo. Aún hoy, ambos, de 5 y 2 años respectivamente, siguen echando de menos al abuelo Pepe (bello Pepe).
    Un abrazo enorme y muchísimo ánimo

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    1. Muchas gracias Noni. Por los ánimos, por tus palabras, por compartir tu experiencia conmigo... Son situaciones muy tristes, pero que ellos sigan echándole de menos nos habla del inmenso amor mutuo que se tenían. Un gran abrazo.

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  5. que post más sentido. Me has emocionado. Es dificl hablarles a los niños de ello. Mi hija mayor toca mucho el tema (tiene 4) la hemos llevado al cementerio a visitar a los abuelos que nunca conoció, y cada vez hace más preguntas, sobre si le llevaríamos flores si fuera ella la que muriera, entiende pero no entiende... algunos dias ha llorado porque no quiere morirse ni cuando sea viejita, y quiere saber que puede hacer para evitarlo...a veces toca el tema con más naturalidad. Es dificl. Yo recuerdo las perdidas de seres queridos cuando era una niña. Son momentos que se llevan mejor o peor segun la edad y la circunstancia, pero que uno no olvida.
    Te mando un gran gran abrazo.

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    1. Es cierto que no se olvidan. Yo recuerdo perfectamente distintos momentos de cuando mi abuelo por parte paterna falleció. Yo tenía 11 o 12 años. La curiosidad de nuestros pequeños es normal. Ell@s siempre quieren saber más. Y que lloren por hipotéticas situaciones futuras también. Mi hijo mayor lo ha hecho habitualmente. Es cierto que es difícil, pero con vuestras explicaciones, vuestra paciencia y vuestro amor lo llevará muy bien.
      Un abrazo.

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  6. Lo lamento muchísimo Mariajo. Te mando un besazo enorme.

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  7. Lo siento mucho! y qué difícil explicárselo a los niños....un beso lleno de ánimo!

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    1. Muchas gracias Sandra. Es cierto que siempre es difícil explicar la muerte a los peques. Tan solo podemos intentar hacerlo de la manera más sencilla y con todo el amor del mundo.

      Un besote. :)

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  8. Lo siento mucho guapa. No se porque pero hay mucha gente que elige pasar a la cuarta vida en estas fechas. Mi abuelo se fue un 25 de diciembre. La cuarta vida, como me conto mi profe de la escuela de cuentacuentos, la que perdura siempre en nuestro corazón. Un beso muy fuerte y genial la gestión de emociones con tus hijos.

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    1. Muchísimas gracias Emi. La gestión de las emociones de los peques es un tema que siempre me ha preocupado mucho y vuestras palabras de ánimo me ayudan mucho.

      Desgraciadamente en mi familia son muchos los que han decidido pasar a esa cuarta vida en estas fechas y hace que, para los adultos sobretodo, cueste un poco más de llevar. Mi abuelo Sento, el marido de la iaia María, falleció el 26 de diciembre de hace dos años. Él estaba bastante malito ya a sus 91 años. Su cuerpo y su corazón estaban ya muy cansados, aunque conservaba su cabeza muy clara hasta el último momento. Recuerdo que me decía que le apenaba morirse (ya sabía que estaba muy cerca) sin conocer a su último bisnieto y sin celebrar la Navidad juntos. Siempre comíamos con ellos el día de Navidad. Volvió a casa, del hospital, el 10 de diciembre. César nació al día siguiente. A pesar de que ya se encontraba muy malito, quiso presidir la mesa en la comida de Navidad. Al día siguiente falleció.

      Me consuela pensar que ambos tuvieron una vida plena, activa, independiente y que disfrutaron del amor de los que les rodeaban hasta el último instante de sus vidas.

      Un besote.

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  9. María José, sólo puedo darte un apapacho! lo siento realmente, aunque tus hijos han tenido la gran fortuna de conocer a su bisabuela y disfrutarla en plenitud, y en su recuerdo permanecerá viva durante otras tantas generaciones, sobre todo en la memoria de Marco y Carla. Es triste que la vida te de los golpes que nos da, pero creo que al vivirlos en familia y a temprana edad de algún modo te prepara para saber afrontar la muerte. No es algo a lo que te acostumbras, pero empiezas a dar mayor valor a la vida y a restarle drama a la muerte, finalmente hace parte de la vida misma; te lo digo por mi propia experiencia tanto de mi infancia como de la de mis hijos... desde luego lo que más me ha estremecido ha sido que haya sido por un derrame cerebral, ya que justo hace un año estaba yo ingresada en la UVI de neurología y vi cómo una abuelita se extinguía al lado mío, y de sólo pensar que ahora eres tu, alguien a quien considero cercana, la que esté pasando por el mismo dolor de esa familia, me estremece. Te abrazo, te apapacho, te acompaño en tu dolor, y de paso te felicito por cómo has manejado la situación con tus hijos.
    Besos...

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    1. Muchísimas gracias por tus palabras Cata, por tus abrazos y apapachos. Yo también creo que la muerte, aunque muy triste e infinitamente dolorosa, forma parte de nuestra vida y que nuestros hijos tienen que ser partícipes de ella. Sinceramente pienso que hacerles participes de nuestras tristezas, sin dramatizar pero sin ocultar, también les ayuda a conocer como es el mundo realmente. Les ayuda a saber que todos somos humanos. Que todos tenemos momentos tristes que vivir pero que hay que sobreponerse a ellos y seguir adelante.
      Y si de una cosa estoy totalmente segura es de que hemos sido y somos muy afortunados. Mis pequeños y yo hemos disfrutado plenamente de la iaia María, al igual que lo hicimos del iaio Sento, su marido, que también falleció en navidad ahora hace 2 años. Y ellos pudieron disfrutar plenamente de sus largas vidas. Con eso es con lo que me quedo.

      Un abrazo enorme Cata.

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  10. Hola!
    Solo quería decirte que me has hecho llorar con estas palabras, pues he podido sentir, a través de ellas, una pequeña parte de lo que habéis sentido en la familia.
    Soy nueva en tu blog. Acabo de ser mami, mi peque tiene 6 meses. Me ha parecido que el tema lo has llevado francamente bien con los niños. No mentirles, siempre la verdad, hablando con ellos, porque ellos también lo entienden si se lo explicas.

    En fin, solo quería darte mis ánimos y que espero que la familia esté bien. (Mi abuelo Manuel también murió en Navidad, el 25 de diciembre, de hace muchos años. Yo no me enteré hasta el verano, pues mis padres no me explicaron nada de nada).
    Saludos y un abrazo enorme para todos.

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    1. Hola:

      Muchas gracias por tus palabras. La verdad es que me anima mucho leer vuestros comentarios. Ya estamos todos un poco mejor. Poco a poco.

      Un abrazo. :)

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  11. Tal y como te dije lo siento mucho. Los bisabuelos y abuelos son un tesoro y es una pena que no duren para siempre. Me has hecho emocionarme y admiro mucho cómo os lo habéis tomado. Yo sólo tengo ya una abuela y espero que dure muchos años para que mi pequeña se acuerde de ella cuando sea mayor, tal y como les ha pasado a Marco y Carla. Un beso muy grande a todos.

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    1. Muchísimas gracias por tus ánimos. Es verdad que es una pena y poco a poco nos estamos acostumbrando a que ya no estan. Te deseo de todo corazón que tu abuela siga bien durante muchísimos años. Para mis hijos ha sido algo maravilloso poder conocer y disfrutar de sus bisabuelos durante tanto tiempo.

      Un abrazo. :)

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  12. lo siento mucho y la verdad es que se me han saltado las lagrimas porque este tambien ha sido la primera navidad sin mi abuela.
    Mucho animo!!
    shere

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    1. Hola Shere:

      En primer lugar quería decirte que siento mucho lo de tu abuela. Han tenido que ser unas navidades difíciles para ti también. Y muchísimas gracias por tus ánimos, por tus palabras...
      Un abrazo. :)

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