viernes, 6 de febrero de 2015

Siete Aguas con niños: Desayunos entre ardillas en El Pinar de Ventamina

El Pinar de Ventamina
Esta era nuestra casita
Hace algunas semanas os descubría Siete Aguas, una pequeña localidad de la Comunidad Valenciana perfecta para una escapada familiar. Os contaba en este post que era un sitio en el que se podía disfrutar con los niños del turismo rural. Os dije, que nos habíamos alojado en el Complejo Rural de El Pinar de Ventamina y que os haría un post específico para mostraros lo que allí vivimos. Pues bien, aquí está. Hoy voy a enseñaros... El Pinar de Ventamina.

El Pinar de Ventamina es un complejo rural que tiene 16 casas independientes de alquiler integro con capacidad para 6/8 personas cada una y 8 apartamentos en otro edificio dentro del mismo complejo. Como os podréis imaginar es bastante, bastante grande. Tiene una piscina, algunos columpios, una pista para jugar al baloncesto o al futbol, un bar-restaurante que abre en temporada alta y sobre todo espacio para correr y jugar. Forma parte de una urbanización mayor junto a otras casas y chalets. El complejo, como es lógico, tiene una carretera interior por la que pasan vehículos. El tráfico es prácticamente nulo pero siempre hay que tener precaución con los más chiquitines.

Pero lo mejor de todo es el entorno que lo rodea. Está lleno de enormes árboles, todo verde... Se nota que estás alojado en una zona de montaña. Mientras vas subiendo por la carretera que lleva al complejo vas notando como entras en una zona más húmeda y boscosa. 

El Pinar de Ventamina
Está tooooooodo verde. ¿A que dan ganas de un picnic?
Ya os he contado en más de una ocasión que a mi me gustan mucho las casas rurales. Alojarse con la familia en una casa, una cabaña, un bungalow, etc. nos permite disfrutar de mucho más espacio que si nos hospedamos en un hotel. Para mi eso es muy importante, máxime si haces un viaje en otoño-invierno donde la probabilidad de que haya mal tiempo es mayor. Ya os podéis imaginar como sería tener que estar todo un día de vacaciones, o más, encerrados con tres niños pequeños en una habitación. Además, tener acceso a una cocina me viene genial para ahorrar un poquito en los viajes y me es muy práctico de cara a los peques. En cualquier momento puedes calentarles un vaso de leche o preparar una comida rápida. Total, que me puse super contenta cuando en el #19JUniversoBlogger me tocó una estancia de una noche en El Pinar de Ventamina. ¡¡¡Bieeeeeeennnnn!!!! ¡¡¡¡Escapada a la vista!!! ¡¡¡Y con alojamiento gratis!!!

El Pinar de Ventamina
La zona de las piscinas y los columpios. Habrá que probarlos en verano. ;)

Tenía claro que estaba en la provincia de Valencia, pero no sabía dónde exactamente. Pero, hoy en día, eso tiene una solución muy fácil. En cuanto llegué a casa me puse a buscar la información en su web. Viendo las posibilidades que tenía la casa rural decidimos que iríamos a principios de septiembre para poder disfrutar de la piscina, de los días largos y demás. Llamé a Javier, el dueño del complejo, y concretamos una fecha. Pero, lamentablemente, diversos problemas de salud y familiares provocaron que tuviésemos que posponer la visita en varias ocasiones. Eso es algo que tengo que agradecer mucho a Javier. No nos puso ningún problema para cambiar la fecha, eso sí. Siempre le avisé con tiempo para ocasionarle el menor perjuicio posible.

Finalmente, a mediados de noviembre, conseguimos hacer esa escapada en familia al Pinar de Ventamina. Quedamos con Javier en llamar cuando llegásemos a Siete Aguas. Él nos vendría a buscar al pueblo y nos guiaría hasta el complejo rural. Está a unos diez minutos en coche del pueblo, más o menos.

Nos hospedó en una casa independiente en la que disponíamos de cocina, baño, salón y tres habitaciones. Además, la casa tenía una trocito de parcela independiente y un pequeño porche. Sería nuestro hogar durante ese fin de semana.

El Pinar de Ventamina

Lo primero que hicimos nada más llegar fue encender las estufas. Dentro de la casa se notaba el fresquete y la humedad de la montaña. Normal, rodeados de esos preciosos árboles, de arbustos enormes, con un cauce de agua cerquita... El papi fue a recoger todos los bártulos del coche y yo me quedé de charreta con Javier un poco. Nos comentó que, aunque el complejo tiene una zona de barbacoas, el Seprona les ha prohibido usarlas. Resulta que a pesar de que se ve todo tan verde, ya hace mucho tiempo que se mantiene una alerta máxima por riesgo de incendios. También nos dijo que si teníamos cualquier cosa que pedirle, o si notábamos que faltaba algo que lo llamásemos, que siempre está por los alrededores pendiente por lo que puedan necesitar los huespedes.

Dejamos todas las cosas en los cuartos y nos salimos al porche. Se respiraba una tranquilidad... No se oía nada. Bueno sí, no vamos a mentir, se oía a dos niñas que estaban por ahí jugando, a mis hijos corretear, reirse, pelearse... y pájaros: un montón de pájaros.

El Pinar de Ventamina
Pista de baloncesto y fútbol. También hay un frontón.

Habíamos quedado con Mª José, de La alcoba de Blanca, y su familia para comer juntos en el pueblo. Recuerdo que Javier nos recomendó un restaurante en el que al parecer se come pero que muy bien (y ya he oído en alguna otra ocasión que en Siete Aguas hay restaurantes muy buenos) pero he olvidado el nombre. Y como al final el plan fue otro... Total, que decidimos darle la comida a César y marcharnos para el pueblo.

La cocina de las casas, o al menos en la que estuvimos nosotros, es de gas. Ah, y no hay microondas ni lavavajillas. Para que lo tengáis en cuenta. Eso sí, tenía todo el menaje necesario para seis personas, incluida la cafetera. Ya sabéis que yo sin café... Jejeje La casa también tiene lavadora. Total, que arreglamos al peque, cogimos polares y chaquetones, agachamos las persianas (cosa que nos recomendó también Javier para que la casa fuese manteniendo mejor el calor para cuando volviésemos) y nos fuimos a pasar el día a Siete Aguas.

El Pinar de Ventamina
Disfrutando de la chimenea

Sobre las seis de la tarde volvimos. Estaba anocheciendo y hacía una rasca... Claro, nosotros que veníamos de la playa, donde aun estábamos a 18-20 grados... Menos mal que siempre cojo ropa de abrigo por si acaso. Entramos en la casa y se estaba de bien... Que calorcito más rico. Aun así encendimos la chimenea de leña y nos tumbamos en el sofá frente a ella. ¡Que ganas tenía de hacer eso! :)

Después de cenar y con los peques medio dormidos, mi hijo Marco y yo decidimos salir a explorar un poco, linterna en mano. Eso es algo que solemos hacer siempre que dormimos en alguna casa rural y el tiempo lo permite. Damos un paseo de noche, con linternas. Aprovechamos para ver las estrellas, para escuchar los sonidos nocturnos, para disfrutar de la naturaleza noctámbula... 

A la mañana siguiente nos levantamos bastante temprano. En mi casa son muy madrugadores. Preparamos el desayuno y nos sentamos a tomarlo en el porche, viendo a las ardillas saltar de un árbol a otro. Una de ellas se bajó a la parcela. César cuando la vio empezó a gritar y salió como un loco a cogerla. Claro, la ardilla se volvió flechada de nuevo al árbol. Ahí estaba yo, de relax, tomándome el café mientras los peques intentaban seguir los saltos del animalito entre los árboles.

El Pinar de Ventamina
Relax total

- ¡Mamáaaa! ¡Vamos, vamos! ¡Hay que ir a explorar otra vez! - Dejé la taza en la cocina, cogí la mochila y nos dimos un paseo por la zona. Vimos la piscina, los columpios, la zona de barbacoas, el edificio de apartamentos, las instalaciones del restaurante... Toda esta parte estaba cerrada. Se abre en temporada alta. 

Exploramos todos juntos los alrededores de nuestra casita: paseando por el senderos, bajando las escaleras que había excavadas en el terreno... incluso campo a través. Siempre controlando a los más peques que no deben ir solos. Ir con ellos me recordaba a mis tiempos de niña cuando yo hacía lo mismo con mis hermanos mientras mis padres y sus amigos estaban en la casa preparando la comida. Encontramos otra zona de barbacoas con bancos para sentarse, algunos columpios y un tipi. Todo estaba hecho de forma artesanal. Los peques estaban encantados con los descubrimientos. No paraban de decir - ¡Por aquí! ¡Por allá! ¡Vamos a ver que más hay!

El Pinar de Ventamina
Columpios entre los árboles

Una cosa que les llamó mucho la atención fue encontrar setas. Había bastantes y de diferentes tipos. Creo que Carla no había visto ninguna en el campo hasta aquel día. Así que después iban buscándolas. Buscaban setas, flores... y bichos, por supuesto. 

Como no queríamos conducir de noche, decidimos marcharnos antes del medio día. Pensábamos acercarnos un rato más al pueblo antes de poner rumbo a casa. Papá y Marco se fueron a cargar las cosas al coche y mientras Carla, César y yo nos dimos otro paseo. 

Una vez todos listos, dejamos la llave y nos despedimos de Javier. Pasamos un finde muy agradable pero que me supo a poco. Tendremos que volver otra vez cuando haga buen tiempo. Y quedarnos dos noches por lo menos para poder disfrutar de todo lo que nos ofrece al máximo. Porque repetir, yo repetiría con gusto. 

Más fotos: aquí
Localización:



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